Gustavo Bueno ha muerto, y su muerte ha sido llorada como creo que a él no le hubiese gustado: con falsos halagos y zalamerías que lo rebajan a ser uno más de esos a los que al morir se les tiran flores sólo por mera convención social.
Yo le conocí y empecé a tratar con 15 años. Era una ávida lectora de sus libros, le entrevisté siendo una alumna de Instituto, escuché tras la puerta en una de sus clases en la Universidad y, habiendo yo obtenido una de las más altas calificaciones en la Selectividad española, estudié filosofía sólo por él. Mi familia y yo comenzamos así una íntima relación que duraría años, y de la que guardamos muy gratos recuerdos. Fui con él a la televisión, a Sevilla, a petición de su esposa y de la Asamblea de huelga de Oviedo, y boicoteé mi carrera en Oviedo sólo por defenderle a él, por defenderle fanáticamente y a ciegas. Cuando fue acusado de plagiar a Gilbert Murray sólo yo contesté con un análisis filosófico de ambas obras, sin alusiones personales de índole alguna, solo ideas.
Tras la huelga de Oviedo me trasladé a finalizar Filosofía en Salamanca, donde quedé como investigadora para realizar mi doctorado, allí y en Oxford. Llevé, llevo y llevaré sus libros adonde quiera que voy. "El animal divino" es una de mi obras predilectas en la Historia de la Filosofía, si bien soy más crítica con otros de sus trabajos, como, por citar un ejemplo, su Ontología, que a mi juicio (y aquí creo coincidir con otras voces), debe más de lo que quisiera reconocer a los post-kantianos y post-estructuralistas. Como en "El rey Lear" yo siempre le admiré y quise, primero con la irracionalidad ciega de una joven estudiante, luego con el juicio sereno y más justo de una profesional que se Doctoró ya fuera del ámbito de la Escuela. Cuando publiqué mi primer libro vino mi expulsión. Yo no lo entendí y fue dolorosa. Ahora sé que el problema es que ni la independencia ni la iniciativa eran bienvenidas en la Escuela. Ellos no buscaban el sano y debido respeto que nace del conocimiento de sus obras y de otras obras de filosofía, ellos sólo buscaban la admiración ciega y acrílica que es hija de la ignorancia y que por tanto no conlleva respeto, valor o mérito alguno.
Bueno era brillante, pero no fue una buena persona y no presumía de ello. Las anécdotas que él contaba eran de su malicia, no de su bondad. La más mínima crítica, duda o independencia suponía la expulsión. Muchas mentes brillantes sintieron la presión de su bota y de las botas de sus elegidos. Todo esto sometió la Escuela de Oviedo a un proceso de selección ARTIFICIAL en la que para sobrevivir eran imprescindibles una fe ciega, una total ausencia de capacidad crítica y una absoluta ignorancia de todo aquello que no fueran los libros de Bueno, lo cual es lo más anti-filosófico que pueda imaginarse.
Cuando querían acabar con alguien no había límite en las bajezas. En mi caso, yo divulgué ya públicamente lo que uno de los responsables de la Fundación llegó a hacer con total descaro en una Corte española sólo para perjudicarme y para seguir fomentando uno de los mayores males de la Universidad española: el uso y abuso del trabajo de los investigadores, desprotegidos frente a los funcionarios que constituyen gran parte del gremio universitario en este país (y esto ya lo han criticado incluso desde fuera, aunque España sigue haciendo oídos sordos). Fomentó también la endogamia, el otro gran cáncer de la Universidad española, institución feudal que ellos consolidaron en Oviedo.
Bueno siempre dijo lo que pensaba y nunca dejó que ceremonias de cualquier clase, incluidas las mortuorias, cortasen su lengua. Nunca elogió a nadie por nada, y mucho menos por estar muerto, que es la nada más absoluta.
Pues he aquí mi homenaje: le admiré, le seguí, le critiqué, le cité y cito siempre para bien o para mal, para discutir sus errores, que los tuvo y muchos, o para elogiar sus aciertos, que los tuvo y brillantes, y para hacer lo que se debe hacer con todo filósofo, usarlo críticamente. El otro día, incluso, les sentí profundamente a él y a Carmen, y, aún con todo lo que han hecho para intentar perjudicarme, sentí una inmensa lástima por la pérdida que supone para su familia, con el agravante de que los han perdido a ambos a la vez, lo cual es desolador.
Gustavo Bueno, insisto, era brillante, supo aprovechar como nadie las lecturas que hizo y era también un diablo, muy simpático a veces, cuyas maldades fueron infinitas, maldades que nadie menciona y de las que él se sintió tan orgulloso. Esta canonización a la que ahora pretenden someterle no encaja con el Bueno que yo conocí ni con la vida de la que parcialmente fui testigo. Su mayor maldad y su mayor error fueron fruto de su mayor ceguera: en su frustrada lucha por el reconocimiento (merecía mucho más del que se le dio) sólo él podía ser brillante, sólo él conocía la verdad y, en consecuencia, hubo de purgarse la Escuela hasta que sólo quedaran en ella quienes fueran capaces de perpetuar el pensamiento sectario, no el crítico filosófico. Él mismo allanó el terreno para que otros arrojaran la sal que pondría fin a lo que él creó y que pudo ser muy grande.
Yo nunca olvidaré lo que vivimos con él y seguiré haciendo lo que siempre he hecho, usarlo como se ha de hacer con todo el que pertenece a la Historia de la Filosofía, que no es poco.
Sinceramente, espero que la tierra le sea leve, más leve y generosa de lo que él nunca fue con nadie.
Datos personales
- Dr Violeta Varela Álvarez
- London, United Kingdom
- Investigadora en el Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas de la Universidad de Salamanca y en el Centro de Estudios Clásicos y Humanísticos de la Universidad de Coimbra. Doctora en filosofía por la Universidad de Salamanca (Febrero de 2008). Autora de cinco libros: "Una revolución hacia la nada" (2012), "Don Quijote de la Mancha: literatura, filosofía y política" (2012) "Destino y Libertad en la tragedia griega" (2008), "Contra la teoría literaria feminista" (2007) y "El mito de Prometeo en Hesíodo, Esquilo y Platón: tres imágenes de la Grecia antigua" (2006). Ha publicado varios trabajos en revistas académicas sobre asuntos de literatura, filosofía y teoría literaria. En su carrera investigadora ha trabajado y estudiado en las universidades de Oviedo, Salamanca y Oxford. Fundamentalmente se ha especializado en la identificación y el análisis de las Ideas filosóficas presentes en la obra de numerosos clásicos de la literatura universal, con especial atención a la literatura de la antigüedad greco-latina y la literatura española.
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- Acerca de mí
- "El mito de Prometeo en Hesíodo, Esquilo y Platón: tres imágenes de la Grecia Antigua" (2006)
- "Contra la teoría literaria feminista" (2007)
- "Destino y Libertad en la tragedia griega" (2008)
- "Una revolución hacia la nada" (2012)
- "Don Quijote de la Mancha: Literatura, Filosofía y Política" (2012)
No es que esto sea Ítaca, pero verás que es agradable
No es que esto sea Ítaca, pero verás que es agradable
Si amas la literatura y adoras la filosofía, éste puede ser un buen lugar para atracar mientras navegas por la red.
Aquí encontrarás acercamientos críticos de naturaleza filosófica a autores clásicos, ya sean antiguos, modernos o contemporáneos; críticas apasionadas de las corrientes más "totales" del momento: desde la moda de los estudios culturales hasta los intocables estudios "de género" o feministas; investigaciones estrictamente filosóficas sobre diversas Ideas fundamentales y muchas cosas más. Puede que hasta os echéis unas risas, cortesía de algún autor posmoderno.
Ante todo, encontraréis coherencia, pasión, sinceridad y honestidad, antes que corrección política, retóricas complacientes y cinismos e hipocresías de toda clase y condición, pero siempre muy bien disimuladas.
También tenemos la ventaja de que, como el "mercado" suele pasar de estos temas, nos vengamos de él hablando de algunos autores con los que se equivocó, muchísimos, ya que, en su momento, conocieron el fracaso literario o filosófico y el rechazo social en toda su crudeza; y lo conocieron, entre otras cosas, porque fueron autores muy valientes (son los que más merecen la pena). Se merecen, en consecuencia, el homenaje de ser rehabilitados en todo lo que tuvieron de transgresor, algo que, sorprendentemente, en la mayoría de los casos, sigue vigente en la actualidad.
En definitiva, lo que se ofrece aquí es el sitio de alguien que vive para la filosofía y la literatura (aunque, sobre todo en el caso de la filosofía, se haga realmente duro el vivir de ellas) y que desea tratar de ellas con respeto y rigor, pero sin perder la gracia, porque creo que se lo debemos, y si hay algo que una ha aprendido de los griegos es, sin duda, que se debe ser siempre agradecido.
Si amas la literatura y adoras la filosofía, éste puede ser un buen lugar para atracar mientras navegas por la red.
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Ante todo, encontraréis coherencia, pasión, sinceridad y honestidad, antes que corrección política, retóricas complacientes y cinismos e hipocresías de toda clase y condición, pero siempre muy bien disimuladas.
También tenemos la ventaja de que, como el "mercado" suele pasar de estos temas, nos vengamos de él hablando de algunos autores con los que se equivocó, muchísimos, ya que, en su momento, conocieron el fracaso literario o filosófico y el rechazo social en toda su crudeza; y lo conocieron, entre otras cosas, porque fueron autores muy valientes (son los que más merecen la pena). Se merecen, en consecuencia, el homenaje de ser rehabilitados en todo lo que tuvieron de transgresor, algo que, sorprendentemente, en la mayoría de los casos, sigue vigente en la actualidad.
En definitiva, lo que se ofrece aquí es el sitio de alguien que vive para la filosofía y la literatura (aunque, sobre todo en el caso de la filosofía, se haga realmente duro el vivir de ellas) y que desea tratar de ellas con respeto y rigor, pero sin perder la gracia, porque creo que se lo debemos, y si hay algo que una ha aprendido de los griegos es, sin duda, que se debe ser siempre agradecido.
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martes, 9 de agosto de 2016
lunes, 8 de octubre de 2012
Filosofía y Literatura en Bucaramanga (Colombia)
Los pasados días (3, 4 y
5 de octubre de 2012) he tenido el placer de asistir en Colombia al
VII Congreso Juvenil de Filosofía y Pedagogía, organizado por el
profesor de filosofía D. Jorge Deháquiz y por los estudiantes de
los grados décimo y undécimo (equivalentes a nuestros primero y
segundo de bachillerato) de la Escuela Normal Superior de
Bucaramanga.
Deseo desde este espacio
no sólo agradecer la invitación a la que gustosamente respondí
para ser el invitado internacional que habría de cerrar este
congreso nacional (que se convertirá en internacional plenamente en
las próximas ediciones), sino también el trato recibido y el
acogimiento y cariño con que las gentes colombianas me regalaron,
haciendo, de esta experiencia en su maravilloso país, algo
inolvidable.
Como reseña del breve,
pero intenso espacio de tiempo que tuve la oportunidad de compartir
con todos ellos, quisiera decir que me impresionó profundamente el
interés que poseen los jóvenes colombianos por la filosofía y la
literatura. Me encontré con una juventud altamente formada y
preparada que además rebosaba pasión por estas cuestiones. La
dinámica del Congreso consiste en que durante las comunicaciones de
los estudiantes sólo estos tienen la palabra, y efectivamente,
hicieron uso de ella de una forma asombrosamente fresca y crítica,
dejando ver sus lecturas (abundantes y difíciles en muchos casos),
sus inquietudes, su preocupación por la situación de Colombia y el
mundo y su, en definitiva, implicación con el presente a través de
un enfoque crítico de naturaleza intelectual y práctica. Los
estudiantes colombianos se encontraban también llenos de preguntas,
interrogantes que indican y anuncian un futuro brillante para ellos.
En los descansos del congreso tuve la ocasión de conversar con todos
estos estudiantes, venidos de todos los rincones de la geografía
colombiana, y con sus profesores, siendo estas conversaciones una de
las mayores riquezas que me llevo.
Finalmente, también
quedé absolutamente admirada por la capacidad de organización que
demostraron los jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Superior de
Bucaramanga (entidad educativa pública de carácter pedagógico destinada a
la formación integral del profesorado y desde edad muy temprana),
que afrontaron la edición de este Congreso prácticamente de una
forma absolutamente autónoma y autofinanciada.
Un placer, en definitiva,
poder ver en directo cómo los amigos y colegas iberoamericanos, -que
tan buena acogida han propiciado siempre a este blog y a mi trabajo,
a tenor de las visitas, lecturas y correos que recibo-, concretamente
en este caso los colombianos, se dedican a la labor del filosofar
desde su más temprana juventud, a la vez que supone una enorme
alegría saber que he formado parte de ello y que ha quedado
establecida una relación de colaboración y afecto que nos unirá
para siempre.
martes, 21 de septiembre de 2010
Anthony J. Close (1937-2010)
Violeta Varela Álvarez. "Reseña de Cervantes y la mentalidad cómica de su tiempo de Anthony J. Close, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 434 pp (2007). Trad. esp. de Leticia Iglesias Pedronzo y Carlos Conde Solares. ISBN 978-84-96408-39-5"
El libro que me dispongo a reseñar parte de dos tesis sumamente sugerentes:
La recuperación de Cervantes como sujeto de citerior artísticos firmes y bien articulados en su práctica literaria. En este sentido, es interesante la reivindicación que hace Close de un Cervantes comprometido con los valores de su época, sin dejar de apuntar ciertas reservas personales que pudieron aquejarle. Close trata de recuperar a Cervantes frente a esa visión relativista y escéptica de su persona que tantas veces nos ha transmitido la crítica. Cervantes mantuvo unos criterios firmes, lo cual es importante, independientemente del acuerdo a la hora de retratar tales valores.
“Respecto a los compromisos de Cervantes, la insistencia en su perspectivismo ha conducido a una situación en la que ha llegado a parecer penosamente inocente y de dudoso gusto sugerir que tuviese alguno, a menos que se trate de alguno de los temas candentes de debate del campus universitario moderno” (Close, 2007: 17).
“No podemos entender su poética, ni ningún otro aspecto de su pensamiento a menos que partamos de la premisa de que dentro de sus obras Cervantes expresa, en ocasiones, sus propias ideas” (Close, 2007: 26).
La consideración de su individualidad en el marco contextual de su época, para apreciar aquélla en toda su originalidad.
La monografía de Close toma como ejes articuladores fundamentales la figura del autor y del lector. Para contextualizar una lectura adecuada de Cervantes es necesario conocer someramente el ambiente social y literario –partiendo del concepto metodológico de socio-génesis, de Norbert Elias, y de la dialéctica individuo-sociedad en cuanto a la conformación del gusto- en el que se enmarcó su producción, en particular la cómica.
Desde este punto de vista, articularé la reseña en torno a dos puntos absolutamente centrales a mi juicio: las reflexiones en torno a la poética cervantina de lo cómico y las divergencias y familiaridades de las mismas con respecto a las actitudes literarias y de recepción que configuraron su momento histórico.
En este sentido Close se revuelve prudentemente contra aquellas interpretaciones que han llegado a descontextualizar tanto las obras de Cervantes que han perdido incluso de vista que se trata de un autor que vivió en una época literaria en la que la comedia, que llegó a conocer la prohibición en tiempos de Felipe II, se hallaba en el centro de la polémica. Una polémica en la que muchos autores como López de Úbeda, Alemán, Quevedo, Góngora, Lope… se involucraron.
También es interesante la relación que postula Close entre Cervantes y Berkeley, que encierra toda una concepción de la espectacularidad y funcionalidad de lo literaria: esse est percipi, principio éste que destaca en la preferencia cervantina por el mostrar antes que por el relatar.
“Incluso aparentes excepciones a la norma de “esse est percipi”, como algunas de las conversaciones entre don Quijote y Sancho que no son presenciadas por una tercera persona, la confirman de forma implícita. Cuando Sancho, en el capítulo 2 de la segunda parte, expresa su asombro ante el hecho de que el cronista haya sido capaz de averiguar lo que él y su maestro habían dicho en el transcurso de conversaciones privadas, Cervantes no está simplemente bromeando sobre las convenciones que apuntalan la suspensión voluntaria de la incredulidad, sino, sobre todo, implicando la normatividad de esa ley” (Close, 2007: 216).
I. La poética de lo cómico en Cervantes.
Fundamentalmente, la poética cervantina es definida por Close como un ejemplo de buen gusto. El decoro, el cuidado del estilo, la evitación de lo lascivo y de toda expresión maldicente, la evitación de las degeneraciones propias del humor de naturaleza aristofánica, el didactismo sin pedantería, el academicismo implícito, la erudición al servicio del argumento –caso del Discurso sobre la Edad de Oro en la primera parte del Quijote- y la necesidad de dotar de dignidad metapoética a géneros que hasta entonces no la poseían. Una poética que se podría sintetizar en la máxima: cuanto más verdadero mejor.
Es la cervantina una estética limpia, profundamente fiel a los principios del decoro y de la verosimilitud, y absolutamente consciente de la excelencia de su producción literaria, presidida por la propiedad y la ejemplaridad, entendida como la subordinación del entretenimiento a la teoría poética y al buen gusto. Por último, destaca también la capacidad cervantina para la fusión y síntesis de opuestos que podrían acaso parecer irreconciliables, algo muy en consonancia con la concepción de lo cómico en el siglo de oro.
“Dicho esto, la fundamental es la concepción de lo cómico como existente en una relación simultánea de intimidad parasitaria con, y de oposición simétrica a, lo no-cómico. Esta situación se resume en la dicotomía entre burlas y veras, dos elementos que, aunque opuestos, son concebidos como inseparables, y esta relación paradójica, penetra en los lugares más recónditos de la cultura del Siglo de Oro” (Close, 2007: 232).
En este sentido, Close considera a Cervantes como un exquisito artífice de la llamada literatura de entretenimiento popular a la que nunca consideró reñida con las reglas del buen arte y del buen gusto.
“Para simplificar, Cervantes transforma la ficción cómica, bien purgando su materia tradicional –ingeniosas seducciones llevadas a cabo por frailes mujeriegos, astutos engaños, equivocaciones de camas o parejas en habitaciones oscuras, desgracias ridículas en excusados- o bien presentándola desde una perspectiva medular que, aunque cómica, es intrínsecamente lúcida u honorable. De esta modificación radical –por mucho que la crítica cervantina moderna se ha mostrado reacia a aceptar la consecuencia- se deriva forzosamente la ejemplaridad, la cual afecta de forma fundamental a la perspectiva narrativa, la ambientación y el ethos, las connotaciones metafóricas, el matiz retórico, y la caracterización” (Close, 2007: 98).
Esta depuración de lo cómico la estudia Close en concreto en tres ejemplos cervantinos muy célebres:
El acuse de recibo de la influencia de Alemán en escenas como la del encuentro nocturno entre don Quijote y la dueña en la segunda parte de la obra.
El rechazo de la sátira hiriente y sangrante en el Coloquio de los perros.
La postura cervantina en la polémica que rodeó al uso de los motes, que se encuentra solventada en El licenciado Vidriera con una condena de los mismos al reducirlos a la etapa de locura de Tomás Rueda.
Un escritor jovial, de ethos amistoso, que si bien dejó translucir en la primera parte de su Quijote una actitud de resentimiento hacia la nueva poética lopesca, convirtió la segunda parte de su obra maestra en una expresión de júbilo y agradecimiento al reconocimiento que los lectores otorgaron a su obra.
Es significativo que Close pretenda recuperar esa vertiente lúdica que recorre toda la obra cervantina y que la crítica moderna, más preocupada de canonizar a un Cervantes como expresión de actitudes y virtudes anacrónicas, habría dejado de lado.
Close pretende recuperar al autor como hombre, sujeto de preocupaciones artísticas, pero también, y no menos importantes, existenciales, que se dejan translucir en toda su obra.
II. Una disputa familiar: lo cómico a debate en la actividad literaria del Siglo de Oro.
Comienza Close por dibujarnos un panorama característico de lo que era el sentido español de lo cómico y que podría ser sintetizado en las siguientes notas esenciales:
1. Culto a la bravuconería y a la blasfemia.
2. Gusto por llevar las fantasías absurdas a extremos irracionales.
3. Admiración por la agudeza.
4. Explotación de la comicidad de nombres y linajes.
5. Deleite en lo degradante y en las burlas.
La principal diferencia que podría cifrarse entre Cervantes y sus contemporáneos cultivadores del género cómico es la preocupación por la dignidad de la labor literaria, en concreto de la comedia.
Cervantes, desde una perspectiva teórica de raigambre aristotélica, pretendió introducir criterios preceptivos en la anarquía a que estaba sujeta la heterodoxia cómica. El entretenimiento no ha de estar reñido ni con la calidad ni con las normas que la sustentan.
“Por ejemplo, su insistencia en el respeto a las reglas del arte se debe a su aceptación de que encierran principios esenciales de racionalidad, proporción y armonía y, por tanto, el cumplir con las mismas permite a la literatura llevar a cabo su función primaria, entretener, de una forma más eficiente” (Close, 2007: 293).
Desde este punto de vista lo que distinguiría a Cervantes de sus coetáneos es la preocupación por la preceptiva y por la justificación teórica de su práctica literaria. El Quijote supuso, en este sentido, no sólo una hábil parodia de géneros como e caballeresco, sino todo un despliegue reflexivo acerca de cómo debía estructurarse la prosa de ficción de acuerdo a los cánones establecidos.
“Las líneas generales de la reforma que propone para los libros de caballerías (respecto a las reglas del arte, supervisión por un censor de la corte) están inspiradas en las premisas comunes de la polémica que estaba teniendo lugar a propósito de la comedia” (Close, 2007: 143).
Es este hecho, la excesiva fidelidad a la norma aristotélica, lo que, en opinión de Close, le llevará, curiosamente, a hacer avanzar el género novelístico.
“Paradójicamente, la revolucionaria naturaleza de la solución adoptada en la segunda parte de Don Quijote se deriva, de forma lógica, de los escrupulosos esfuerzos que mantiene para respetar el decoro, obteniendo como resultado una narrativa pionera que nace de la semilla de poéticas anticuadas” (Close, 2007: 161).
Es cierto que pretendió, como tantos otros, la depuración de los elementos más groseros e irreverentes que caracterizaban el género español de lo cómico, pero también él comprendió que tal dignidad debía ir acompañada de una labor preceptiva. Con Cervantes asistimos al caso de un escritor orgulloso de entretener y causar la risa en sus lectores. Un autor que concibió la risa como un instrumento terapéutico y catártico en la línea de Erasmo o Ravelais, Burton, Huarte, Vives. Un autor profundamente didáctico que, sin embargo, desdeñó el estilo moralizante del púlpito y, acorde seguramente a su propio carácter irónico y desenfadado, prefirió suavizar la sátira de tal forma que cualquier ofensa posible se viese atenuada. Segregó de sus obras la crueldad y la frivolidad para aleccionar sin herir y enseñar sin causar tedio.
“Su concepción del poder alentador y terapéutico de la risa lo sitúa más en la línea del humanismo renacentista (Erasmo, Rabelais, Burton) que en la de sus propias tradiciones étnicas, si bien esto es debido, a mi entender, más a su propio carácter que a ninguna influencia literaria” (Close, 2007: 400).
Fue, además, Cervantes, el descubridor de una nueva modalidad cómica: la potencialidad humorística de la insignificancia prosaica, de lo cotidiano.
Un autor, por último, consciente de la importancia de su obra y de la calidad de la misma, que anheló el reconocimiento del público y que no dudó en celebrarlo en la segunda parte de su Quijote, cuyas burlas son ejemplo de ingenio, buen gusto, originalidad e inventiva.
Se trata de una obra sumamente interesante que despliega un hondo saber erudito acerca de la historia de lo cómico en el panorama literario español, con extensos análisis de autores como Pinciano, Úbeda, Alemán, Quevedo y Góngora, entre otros. Una fuente inagotable de conocimientos acerca del tan denostado mundo de la risa, para el que nuestro intérprete desea recuperar el interés hermenéutico que muchos le han negado. Intérpretes admirados por Close como Castro, Spitzer y, sobremanera, Riley, infravaloraron lo cómico dejando así de lado una perspectiva fundamental a la hora de comprender la producción cervantina. Close elabora su monografía para hacer justicia a este aspecto tan olvidado de su producción. El resultado es parte de lo que hemos decidido destacar en esta reseña. Imprescindible.
El libro que me dispongo a reseñar parte de dos tesis sumamente sugerentes:
La recuperación de Cervantes como sujeto de citerior artísticos firmes y bien articulados en su práctica literaria. En este sentido, es interesante la reivindicación que hace Close de un Cervantes comprometido con los valores de su época, sin dejar de apuntar ciertas reservas personales que pudieron aquejarle. Close trata de recuperar a Cervantes frente a esa visión relativista y escéptica de su persona que tantas veces nos ha transmitido la crítica. Cervantes mantuvo unos criterios firmes, lo cual es importante, independientemente del acuerdo a la hora de retratar tales valores.
“Respecto a los compromisos de Cervantes, la insistencia en su perspectivismo ha conducido a una situación en la que ha llegado a parecer penosamente inocente y de dudoso gusto sugerir que tuviese alguno, a menos que se trate de alguno de los temas candentes de debate del campus universitario moderno” (Close, 2007: 17).
“No podemos entender su poética, ni ningún otro aspecto de su pensamiento a menos que partamos de la premisa de que dentro de sus obras Cervantes expresa, en ocasiones, sus propias ideas” (Close, 2007: 26).
La consideración de su individualidad en el marco contextual de su época, para apreciar aquélla en toda su originalidad.
La monografía de Close toma como ejes articuladores fundamentales la figura del autor y del lector. Para contextualizar una lectura adecuada de Cervantes es necesario conocer someramente el ambiente social y literario –partiendo del concepto metodológico de socio-génesis, de Norbert Elias, y de la dialéctica individuo-sociedad en cuanto a la conformación del gusto- en el que se enmarcó su producción, en particular la cómica.
Desde este punto de vista, articularé la reseña en torno a dos puntos absolutamente centrales a mi juicio: las reflexiones en torno a la poética cervantina de lo cómico y las divergencias y familiaridades de las mismas con respecto a las actitudes literarias y de recepción que configuraron su momento histórico.
En este sentido Close se revuelve prudentemente contra aquellas interpretaciones que han llegado a descontextualizar tanto las obras de Cervantes que han perdido incluso de vista que se trata de un autor que vivió en una época literaria en la que la comedia, que llegó a conocer la prohibición en tiempos de Felipe II, se hallaba en el centro de la polémica. Una polémica en la que muchos autores como López de Úbeda, Alemán, Quevedo, Góngora, Lope… se involucraron.
También es interesante la relación que postula Close entre Cervantes y Berkeley, que encierra toda una concepción de la espectacularidad y funcionalidad de lo literaria: esse est percipi, principio éste que destaca en la preferencia cervantina por el mostrar antes que por el relatar.
“Incluso aparentes excepciones a la norma de “esse est percipi”, como algunas de las conversaciones entre don Quijote y Sancho que no son presenciadas por una tercera persona, la confirman de forma implícita. Cuando Sancho, en el capítulo 2 de la segunda parte, expresa su asombro ante el hecho de que el cronista haya sido capaz de averiguar lo que él y su maestro habían dicho en el transcurso de conversaciones privadas, Cervantes no está simplemente bromeando sobre las convenciones que apuntalan la suspensión voluntaria de la incredulidad, sino, sobre todo, implicando la normatividad de esa ley” (Close, 2007: 216).
I. La poética de lo cómico en Cervantes.
Fundamentalmente, la poética cervantina es definida por Close como un ejemplo de buen gusto. El decoro, el cuidado del estilo, la evitación de lo lascivo y de toda expresión maldicente, la evitación de las degeneraciones propias del humor de naturaleza aristofánica, el didactismo sin pedantería, el academicismo implícito, la erudición al servicio del argumento –caso del Discurso sobre la Edad de Oro en la primera parte del Quijote- y la necesidad de dotar de dignidad metapoética a géneros que hasta entonces no la poseían. Una poética que se podría sintetizar en la máxima: cuanto más verdadero mejor.
Es la cervantina una estética limpia, profundamente fiel a los principios del decoro y de la verosimilitud, y absolutamente consciente de la excelencia de su producción literaria, presidida por la propiedad y la ejemplaridad, entendida como la subordinación del entretenimiento a la teoría poética y al buen gusto. Por último, destaca también la capacidad cervantina para la fusión y síntesis de opuestos que podrían acaso parecer irreconciliables, algo muy en consonancia con la concepción de lo cómico en el siglo de oro.
“Dicho esto, la fundamental es la concepción de lo cómico como existente en una relación simultánea de intimidad parasitaria con, y de oposición simétrica a, lo no-cómico. Esta situación se resume en la dicotomía entre burlas y veras, dos elementos que, aunque opuestos, son concebidos como inseparables, y esta relación paradójica, penetra en los lugares más recónditos de la cultura del Siglo de Oro” (Close, 2007: 232).
En este sentido, Close considera a Cervantes como un exquisito artífice de la llamada literatura de entretenimiento popular a la que nunca consideró reñida con las reglas del buen arte y del buen gusto.
“Para simplificar, Cervantes transforma la ficción cómica, bien purgando su materia tradicional –ingeniosas seducciones llevadas a cabo por frailes mujeriegos, astutos engaños, equivocaciones de camas o parejas en habitaciones oscuras, desgracias ridículas en excusados- o bien presentándola desde una perspectiva medular que, aunque cómica, es intrínsecamente lúcida u honorable. De esta modificación radical –por mucho que la crítica cervantina moderna se ha mostrado reacia a aceptar la consecuencia- se deriva forzosamente la ejemplaridad, la cual afecta de forma fundamental a la perspectiva narrativa, la ambientación y el ethos, las connotaciones metafóricas, el matiz retórico, y la caracterización” (Close, 2007: 98).
Esta depuración de lo cómico la estudia Close en concreto en tres ejemplos cervantinos muy célebres:
El acuse de recibo de la influencia de Alemán en escenas como la del encuentro nocturno entre don Quijote y la dueña en la segunda parte de la obra.
El rechazo de la sátira hiriente y sangrante en el Coloquio de los perros.
La postura cervantina en la polémica que rodeó al uso de los motes, que se encuentra solventada en El licenciado Vidriera con una condena de los mismos al reducirlos a la etapa de locura de Tomás Rueda.
Un escritor jovial, de ethos amistoso, que si bien dejó translucir en la primera parte de su Quijote una actitud de resentimiento hacia la nueva poética lopesca, convirtió la segunda parte de su obra maestra en una expresión de júbilo y agradecimiento al reconocimiento que los lectores otorgaron a su obra.
Es significativo que Close pretenda recuperar esa vertiente lúdica que recorre toda la obra cervantina y que la crítica moderna, más preocupada de canonizar a un Cervantes como expresión de actitudes y virtudes anacrónicas, habría dejado de lado.
Close pretende recuperar al autor como hombre, sujeto de preocupaciones artísticas, pero también, y no menos importantes, existenciales, que se dejan translucir en toda su obra.
II. Una disputa familiar: lo cómico a debate en la actividad literaria del Siglo de Oro.
Comienza Close por dibujarnos un panorama característico de lo que era el sentido español de lo cómico y que podría ser sintetizado en las siguientes notas esenciales:
1. Culto a la bravuconería y a la blasfemia.
2. Gusto por llevar las fantasías absurdas a extremos irracionales.
3. Admiración por la agudeza.
4. Explotación de la comicidad de nombres y linajes.
5. Deleite en lo degradante y en las burlas.
La principal diferencia que podría cifrarse entre Cervantes y sus contemporáneos cultivadores del género cómico es la preocupación por la dignidad de la labor literaria, en concreto de la comedia.
Cervantes, desde una perspectiva teórica de raigambre aristotélica, pretendió introducir criterios preceptivos en la anarquía a que estaba sujeta la heterodoxia cómica. El entretenimiento no ha de estar reñido ni con la calidad ni con las normas que la sustentan.
“Por ejemplo, su insistencia en el respeto a las reglas del arte se debe a su aceptación de que encierran principios esenciales de racionalidad, proporción y armonía y, por tanto, el cumplir con las mismas permite a la literatura llevar a cabo su función primaria, entretener, de una forma más eficiente” (Close, 2007: 293).
Desde este punto de vista lo que distinguiría a Cervantes de sus coetáneos es la preocupación por la preceptiva y por la justificación teórica de su práctica literaria. El Quijote supuso, en este sentido, no sólo una hábil parodia de géneros como e caballeresco, sino todo un despliegue reflexivo acerca de cómo debía estructurarse la prosa de ficción de acuerdo a los cánones establecidos.
“Las líneas generales de la reforma que propone para los libros de caballerías (respecto a las reglas del arte, supervisión por un censor de la corte) están inspiradas en las premisas comunes de la polémica que estaba teniendo lugar a propósito de la comedia” (Close, 2007: 143).
Es este hecho, la excesiva fidelidad a la norma aristotélica, lo que, en opinión de Close, le llevará, curiosamente, a hacer avanzar el género novelístico.
“Paradójicamente, la revolucionaria naturaleza de la solución adoptada en la segunda parte de Don Quijote se deriva, de forma lógica, de los escrupulosos esfuerzos que mantiene para respetar el decoro, obteniendo como resultado una narrativa pionera que nace de la semilla de poéticas anticuadas” (Close, 2007: 161).
Es cierto que pretendió, como tantos otros, la depuración de los elementos más groseros e irreverentes que caracterizaban el género español de lo cómico, pero también él comprendió que tal dignidad debía ir acompañada de una labor preceptiva. Con Cervantes asistimos al caso de un escritor orgulloso de entretener y causar la risa en sus lectores. Un autor que concibió la risa como un instrumento terapéutico y catártico en la línea de Erasmo o Ravelais, Burton, Huarte, Vives. Un autor profundamente didáctico que, sin embargo, desdeñó el estilo moralizante del púlpito y, acorde seguramente a su propio carácter irónico y desenfadado, prefirió suavizar la sátira de tal forma que cualquier ofensa posible se viese atenuada. Segregó de sus obras la crueldad y la frivolidad para aleccionar sin herir y enseñar sin causar tedio.
“Su concepción del poder alentador y terapéutico de la risa lo sitúa más en la línea del humanismo renacentista (Erasmo, Rabelais, Burton) que en la de sus propias tradiciones étnicas, si bien esto es debido, a mi entender, más a su propio carácter que a ninguna influencia literaria” (Close, 2007: 400).
Fue, además, Cervantes, el descubridor de una nueva modalidad cómica: la potencialidad humorística de la insignificancia prosaica, de lo cotidiano.
Un autor, por último, consciente de la importancia de su obra y de la calidad de la misma, que anheló el reconocimiento del público y que no dudó en celebrarlo en la segunda parte de su Quijote, cuyas burlas son ejemplo de ingenio, buen gusto, originalidad e inventiva.
Se trata de una obra sumamente interesante que despliega un hondo saber erudito acerca de la historia de lo cómico en el panorama literario español, con extensos análisis de autores como Pinciano, Úbeda, Alemán, Quevedo y Góngora, entre otros. Una fuente inagotable de conocimientos acerca del tan denostado mundo de la risa, para el que nuestro intérprete desea recuperar el interés hermenéutico que muchos le han negado. Intérpretes admirados por Close como Castro, Spitzer y, sobremanera, Riley, infravaloraron lo cómico dejando así de lado una perspectiva fundamental a la hora de comprender la producción cervantina. Close elabora su monografía para hacer justicia a este aspecto tan olvidado de su producción. El resultado es parte de lo que hemos decidido destacar en esta reseña. Imprescindible.
viernes, 26 de marzo de 2010
Juan Antonio González Iglesias
Juan Antonio González Iglesias. Poemas extraídos de su libro "Un ángulo me basta", Colección Visor de poesía.
1-"Ay de los que proponen la vida..."
Ay de los que proponen la vida como una operación
incesante de conocimiento.
Los que pretenden imponernos su exceso y su tristeza.
Los que no se detienen.
No hay asunto incesante que no se llame vida
o simplemente amor.
Nijinski dice algo muy parecido a esto:
Las personas que piensan demasiado
acaban escribiendo
cosas absurdas sobre la belleza.
2-"Misántropo, ma non troppo"
"Que no te pase a ti con los misántropos
lo mismo que a los hombres con los hombres"
(Meditaciones, 7, Marco Aurelio)
Durante veinte años he tratado
con muy pocas personas. Desatento
a todo lo que no fuera solsticio
o equinocio,
en la soberanía del invierno
y el verano
celebraba mis fiestas
esperándote.
Adonde me invitaban no acudí.
¿El motivo? Uno solo:
me concentro mejor en un ciprés
que en las conversaciones.
Así he concluido
que cada árbol es un incontable
como el agua.
Así son cada vez más las personas
a las que quiero mucho y veo poco.
Un ángulo me basta,
un libro y un amigo, un sueño breve.
Tiempo para el amor es lo que pido.
En los actos sociales pienso en ti.
Casi siempre
entre el ruido de copas, de palabras,
llega cierto momento en el que pienso:
Necesito urgentemente ver a un limpio de corazón.
Hablar con él. Guardarme entre sus brazos.
Descansar mi cabeza
encima de la roja frecuencia de su vida.
Únicamente esto.
que en los actos sociales pienso en ti.
Juan Antonio es un latino con corazón de griego. Es Homero llamando a Lorca con tarifa plana de amena. Son poemas de ecos clásicos expresados en voces modernas, de cuando pensamiento y acción todavía no se encontraban separados por un abismo, de cuando Empédocles sostenía que el Amor era la fuerza que cohesionaba los elementos, de cuando los poetas eran tejedores de palabras que enseñaban a los hombres, a los ciudadanos, a conjugar las pasiones con la realidad del deber y de la pólis. Una de sus aspiraciones se ha cumplido, las culturas antiguas le comprenderán y las futuras saben más de sí mismas gracias a él: dialéctica y perfecta autoconciencia de la tradición más bella que sobrevivirá para siempre a los constantes ciclos del tiempo. Pensamientos y sentimientos muy sencillos y muy hermosos. Poeta impresionante y, ante todo, persona maravillosa, modesta, sabia, sencilla y buena. Esto es un pequeño homenaje en el día tan triste que deja su partida de Asturias. Hoy hace peor tiempo…
1-"Ay de los que proponen la vida..."
Ay de los que proponen la vida como una operación
incesante de conocimiento.
Los que pretenden imponernos su exceso y su tristeza.
Los que no se detienen.
No hay asunto incesante que no se llame vida
o simplemente amor.
Nijinski dice algo muy parecido a esto:
Las personas que piensan demasiado
acaban escribiendo
cosas absurdas sobre la belleza.
2-"Misántropo, ma non troppo"
"Que no te pase a ti con los misántropos
lo mismo que a los hombres con los hombres"
(Meditaciones, 7, Marco Aurelio)
Durante veinte años he tratado
con muy pocas personas. Desatento
a todo lo que no fuera solsticio
o equinocio,
en la soberanía del invierno
y el verano
celebraba mis fiestas
esperándote.
Adonde me invitaban no acudí.
¿El motivo? Uno solo:
me concentro mejor en un ciprés
que en las conversaciones.
Así he concluido
que cada árbol es un incontable
como el agua.
Así son cada vez más las personas
a las que quiero mucho y veo poco.
Un ángulo me basta,
un libro y un amigo, un sueño breve.
Tiempo para el amor es lo que pido.
En los actos sociales pienso en ti.
Casi siempre
entre el ruido de copas, de palabras,
llega cierto momento en el que pienso:
Necesito urgentemente ver a un limpio de corazón.
Hablar con él. Guardarme entre sus brazos.
Descansar mi cabeza
encima de la roja frecuencia de su vida.
Únicamente esto.
que en los actos sociales pienso en ti.
Juan Antonio es un latino con corazón de griego. Es Homero llamando a Lorca con tarifa plana de amena. Son poemas de ecos clásicos expresados en voces modernas, de cuando pensamiento y acción todavía no se encontraban separados por un abismo, de cuando Empédocles sostenía que el Amor era la fuerza que cohesionaba los elementos, de cuando los poetas eran tejedores de palabras que enseñaban a los hombres, a los ciudadanos, a conjugar las pasiones con la realidad del deber y de la pólis. Una de sus aspiraciones se ha cumplido, las culturas antiguas le comprenderán y las futuras saben más de sí mismas gracias a él: dialéctica y perfecta autoconciencia de la tradición más bella que sobrevivirá para siempre a los constantes ciclos del tiempo. Pensamientos y sentimientos muy sencillos y muy hermosos. Poeta impresionante y, ante todo, persona maravillosa, modesta, sabia, sencilla y buena. Esto es un pequeño homenaje en el día tan triste que deja su partida de Asturias. Hoy hace peor tiempo…
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Ha muerto José María Laso Prieto
Se trata de una noticia muy triste y, como persona que lo trató, lo admiró y lo apreció, deseo manifestar mi más profundo pesar. Nunca se olvidarán sus largas intervenciones en charlas y conferencias, su erudición académica y existencial, o esa habilidad tan suya y tan simpática para dormir en las conferencias y congresos. Y qué decir de esa magnífica biblioteca que tenía en Oviedo, en la sede del antiguo PC, donde se podía acudir a visitarle.
Algunos de los momentos más buenos de mi juventud están unidos a su recuerdo y a sus interminables charlas y anécdotas, que me maravillaban. Y recuerdo que permanentemente iba cargado de artículos, y allá donde lo encontrabas, ya fuera en la calle o en la cafetería de El Corte Inglés, te daba uno nuevo: siempre tenía un escrito nuevo fotocopiado y listo para ser repartido.
Era una persona entrañable, brillante y buena que siempre que pudo echó una mano a quien se lo pidió, como fue mi caso. Tuve el honor de contar con él en un curso que organicé para los estudiantes de filosofía y demás interesados acerca de la revisión crítica del marxismo, allá por el 99, ni siquiera recuerdo ya la fecha exacta. No pidió nada a cambio y nos dedicó tres maravillosas tardes, que acabaron trasladándose del salón de actos de la biblioteca a la Isla de Cuba, célebre local del campus del Milán (los interesados no éramos tantos, como suele pasar con las cosas importantes, pero fuimos unos pocos jóvenes muy entregados que disfrutamos al máximo de esas sesiones, algo es algo). Siempre tenía infinidad de cosas que contar, y siempre tenía algo que enseñar.
Recuerdo que en cierta ocasión, en la que fuimos a comer tras un congreso, yo, que por entonces contaba 16 o 17 años, le cogí la maleta de los documentos para ayudarle. Él me dijo, en tono amable y divertido, que algún día tendría el honor de contar que le llevé la cartera a José María Laso. Pues bien, ese día, por desgracia, ha llegado y quería presumir de ello, porque, efectivamente, no fue para menos.
“Sólo del cuerpo pueden apropiarse aquellos poderes
Que tejen el oscuro destino,
Pero libre de todo el poder del tiempo,
La forma, amiga de las naturalezas felices,
Se eleva hacia el espacio de la luz
Divinamente entre los dioses.
Si queréis volar sobre sus alas,
¡arrojad de vosotros el miedo terreno,
Huid de la vida angosta y sofocante
Hacia el reino de lo ideal!”
Schiller, “El ideal y la vida”, fragmento, de “Poesía filosófica”, traducido por Daniel Innerarity
Sit tibi terra levis,
Violeta.
Algunos de los momentos más buenos de mi juventud están unidos a su recuerdo y a sus interminables charlas y anécdotas, que me maravillaban. Y recuerdo que permanentemente iba cargado de artículos, y allá donde lo encontrabas, ya fuera en la calle o en la cafetería de El Corte Inglés, te daba uno nuevo: siempre tenía un escrito nuevo fotocopiado y listo para ser repartido.
Era una persona entrañable, brillante y buena que siempre que pudo echó una mano a quien se lo pidió, como fue mi caso. Tuve el honor de contar con él en un curso que organicé para los estudiantes de filosofía y demás interesados acerca de la revisión crítica del marxismo, allá por el 99, ni siquiera recuerdo ya la fecha exacta. No pidió nada a cambio y nos dedicó tres maravillosas tardes, que acabaron trasladándose del salón de actos de la biblioteca a la Isla de Cuba, célebre local del campus del Milán (los interesados no éramos tantos, como suele pasar con las cosas importantes, pero fuimos unos pocos jóvenes muy entregados que disfrutamos al máximo de esas sesiones, algo es algo). Siempre tenía infinidad de cosas que contar, y siempre tenía algo que enseñar.
Recuerdo que en cierta ocasión, en la que fuimos a comer tras un congreso, yo, que por entonces contaba 16 o 17 años, le cogí la maleta de los documentos para ayudarle. Él me dijo, en tono amable y divertido, que algún día tendría el honor de contar que le llevé la cartera a José María Laso. Pues bien, ese día, por desgracia, ha llegado y quería presumir de ello, porque, efectivamente, no fue para menos.
“Sólo del cuerpo pueden apropiarse aquellos poderes
Que tejen el oscuro destino,
Pero libre de todo el poder del tiempo,
La forma, amiga de las naturalezas felices,
Se eleva hacia el espacio de la luz
Divinamente entre los dioses.
Si queréis volar sobre sus alas,
¡arrojad de vosotros el miedo terreno,
Huid de la vida angosta y sofocante
Hacia el reino de lo ideal!”
Schiller, “El ideal y la vida”, fragmento, de “Poesía filosófica”, traducido por Daniel Innerarity
Sit tibi terra levis,
Violeta.
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